Teniendo en cuenta el lema (“Contus manos”) cada una de ellas viene a representar las labores, trabajos o inquietudes que llevamos a cabo en nuestro día a día. Podríamos clasificarlas de la siguiente manera:

        ¡                  MANOS DE/CON NIÑOS. Representando a todos los niños y niñas a los que se dirige el trabajo educativo-pastoral de la obra educativa.

        ¡                  MANOS LLENAS DE AMOR. La única manera de ser y vivir en cristiano.

        ¡                  MANOS DE ENCUENTRO. Que buscan al otro, lo saben acoger, entender, amar…

        ¡                  MANOS QUE BUSCAN A DIOS. Reconociéndole como el verdadero artífice de nuestras vidas, el protagonista único, aquél en quien confiar y a partir del cual construir.

        ¡                  MANOS QUE NOS HABLAN DEL SUR. Manos que nos recuerdan como otro mundo existe, un mundo tal vez lejano, pero a la vez hermano y próximo (Carumanda, misioneros en Ecuador, Colombia, India, Indonesia…)

        ¡                  MANOS QUE RECLAMAN SOLIDARIDAD Y JUSTICIA. Manos que reconocen que este mundo debe cambiar porque son muchos, la mayoría, los que sufren como consecuencia de la precariedad, de la  pobreza, de la miseria…

        ¡                  MANOS QUE ENTIENDEN DE DIVERSIDAD. Que saben ver en aquellos que vienen de lejos una gran oportunidad de aprender y crecer, de compartir y soñar en un mundo lleno de esperanzas para todos.

        ¡                  MANOS AMIGAS. Que siempre están disponibles, sin necesidad de preguntar por qué, atentas a las miradas que reclaman presencia y compañía…

        ¡                  MANOS QUE CREEN EN LA NATURALEZA. Que saben trabajar por conservar la obra de Dios: nuestro mundo.

        ¡                  MANOS QUE RECLAMAN TIEMPO. Pero no un tiempo cualquiera, sino un tiempo de calidad que nos sirva para amar y ser amados sin límites de ningún tipo.

        ¡                  MANOS QUE PIDEN Y MANOS QUE DAN. Reconociendo nuestras limitaciones, nuestra necesidad de mejorar, nuestras carencias…